Signos de la ansiedad ¿Cómo saber si debo pedir ayuda?

by | Ene 4, 2021

Todos podemos sentir ansiedad y estrés en algunos momentos, es perfectamente normal. Sería raro nunca haber sufrido un episodio ansioso a lo largo de la vida. Sin embargo, vivir en angustia, preocupación, miedo y ansiedad constantes son señales de alerta que podrían indicar un problema mayor.

La ansiedad puede ser unifactorial, multifactorial o, por el contrario, no tener un origen claro. Si bien hay personas que presentan un cuadro ansioso por causa de un trauma, acumulación de estrés o una enfermedad física o mental, hay otras que les viene de un modo espontáneo en situaciones de aparente tranquilidad. Esto crea mucha confusión y suele agravar el cuadro cuando se desconoce la sintomatología.

Muchas personas terminan sufriendo de trastornos de ansiedad debido al temor extremo que sienten ante la vivencia de los desagradables síntomas de la ansiedad. Suelen asociarlos a la posibilidad de estar sufriendo un infarto al corazón o algún problema grave de salud. El motivo es que los síntomas se experimentan con intensidad moderada o alta y son bastante abrumadores.

En este artículo, te hablaremos de los síntomas más frecuentes cuando se enfrentan episodios de ansiedad intensos, cómo abordarlos, cuáles son sus posibles causas, en qué momento se debe pedir ayuda y por qué.

Síntomas de la ansiedad

Los signos o síntomas de la ansiedad, cuando se salen de control, no son muy diferentes a la ansiedad común que podemos sentir en algunas ocasiones, solo que se sienten con mucha más intensidad. Decíamos anteriormente, que en parte se debía al desconocimiento de los síntomas. Saber qué esperar podría ser de gran ayuda, por eso la información es clave en este contexto.

Veamos a continuación, cuáles son esos síntomas que se suelen presentar en la ansiedad, teniendo en cuenta que no todas las personas experimentan los mismos, ni la misma cantidad, esto varía de un individuo a otro.

  • Fuertes palpitaciones cardíacas
  • Sensación de ahogo
  • Calambres o entumecimiento
  • Temblores
  • Sudoración
  • Hiperventilación (respiración acelerada)
  • Insomnio
  • Opresión o dolor en el pecho
  • Despersonalización (sentirse fuera de sí)
  • Sensación de irrealidad (como si lo que ocurre no fuera real)
  • Pensamientos catastróficos recurrentes
  • Temor a morir, a enloquecer y/o a perder el control
  • Evitación de situaciones que puedan generar ansiedad

Normalmente, se sienten varios de estos síntomas al mismo tiempo, incluso todos. También la frecuencia e intensidad pueden variar en la misma persona, es decir, en algunos momentos los siente todos, en otros apenas algunos. Cada caso puede llegar a ser muy particular en este sentido. 

¿Cómo abordarlos en el momento que ocurren?

Antes de entrar a recomendar algunas técnicas y ejercicios para la ansiedad, es importante que la persona no se aísle por completo, es bueno desahogarse y contar lo que está sucediendo a personas cercanas, de confianza, que nos apoyen y que nos amen. El apoyo familiar y de otros seres queridos puede hacer una gran diferencia en el tratamiento de los trastornos de ansiedad.

Cuando estamos sumergidos plenamente en una problemática, a veces, no somos capaces de ver alternativas ni el panorama completo, pudiendo perder oportunidades de recuperarnos. Por lo general, las personas ansiosas tienen un pensamiento caótico y bastante negativo, por lo que no pueden ver las cosas con total claridad. Dicho esto, vamos con las recomendaciones.

Afortunadamente, los síntomas de un ataque de ansiedad intenso se pueden aliviar rápidamente, aplicando ciertas técnicas, estrategias de relajación y/o distracción. Por una parte, la distracción permite desviar la atención de la mente en otros asuntos, haciendo que los pensamientos angustiantes se alejen. Esto no les funciona a muchas personas, pero a otras sí, todo depende de las propias capacidades, e incluso, de las preferencias, pues hay personas que prefieren primero aquietar su mente, para luego enfocarse en pensamientos distintos. A otras, les funciona muy bien la distracción, pues sienten que es una solución más inmediata y que se puede practicar en cualquier lugar. 

Los ejercicios de relajación, requieren de ciertas condiciones en el contexto, sin embargo, hay quienes los llegan a dominar tan bien que pueden practicarlos en cualquier lugar y momento.

Algunas de las técnicas que recomendamos para el alivio de síntomas a corto plazo son las siguientes:

Actividad física: 

Por muy contraproducente que pueda parecernos, el ejercicio físico ayuda mucho en el tratamiento de los síntomas.

Una actividad física estructurada, planificada y constante, con ejercicio moderado o suave es muy beneficiosa para la salud física y mental, de eso no cabe la menor duda. El ejercicio nos ayuda a segregar hormonas que nos relajan y nos hacen sentir bien. Nos permite tener un mejor estado de ánimo en general y en muy corto plazo.

Entre las actividades físicas que recomendamos, se encuentran: las artes marciales, HIT (High Intensity Interval Training), y los LISS (Low Intensity Steady State), ejercicios al aire libre, como caminar, trotar, nadar o hacer deportes como el tenis, remar o cualquier otro con el que la persona se sienta cómoda.

La actividad física no siempre nos sale natural, especialmente si somos personas sedentarias, requiere de disciplina y fuerza de voluntad para que sea sostenible en el tiempo. El deseo de sentir alivio de los síntomas de ansiedad, pueden ser la motivación correcta para animarnos a hacer actividad física.

Ejercicios de respiración: 

Los ejercicios de respiración ideales para quienes sufrimos de ansiedad son los que se hacen con el diafragma. Esto se debe a que con este tipo de respiraciones se puede retroalimentar el sistema nervioso parasimpático que es el encargado de mantener al cuerpo en un estado de relajación para que así se disponga a cumplir otras funciones como la digestión o la sexualidad.

Cuando sufrimos de ansiedad intensa las alarmas del sistema simpático se activan con frecuencia, haciendo que el cuerpo se disponga sólo a intentar defenderse de una amenaza real o aparente. Esto estropea las funciones digestivas, sexuales, del sueño y otras necesarias para mantenerse en equilibrio.

Los ejercicios de respiración que recomendamos para retroalimentar el sistema nervioso parasimpático son: respiración profunda, box breathing y la respiración del fuego. Todas buscan lo mismo, una respiración profunda que llene por completo los pulmones y luego los vacíe de igual manera.

Hidroterapia: 

La hidroterapia es una forma fácil y rápida de conseguir alivio a la tensión y los síntomas que producen el estrés y la ansiedad. Específicamente, la hidroterapia térmica puede lograr efectos importantes sobre los síntomas de la ansiedad. Entre las opciones que tenemos se encuentran: las duchas de agua fría, las duchas de agua caliente, duchas de contraste (alternando agua fría y caliente), los baños de inmersión y el baño turco.

Por ejemplo, una ducha de agua fría en el instante de una crisis de ansiedad, nos despeja la mente y activa el cuerpo, debido a la conmoción que ocurre con el cambio de temperatura. Se produce un efecto contrario al de la ansiedad, donde el cuerpo se pone en modo lucha o huída. En el caso de una ducha de agua caliente, tenemos beneficios varios, pero el más importante es el de la relajación muscular para propiciar el sueño y el descanso profundo. Y así, todas ellas tienen algún beneficio notable en la salud física y mental.

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¿Cómo saber si debo pedir ayuda?

A veces no tenemos claro si pedir ayuda profesional o no. Podemos sentir temor de ser juzgados por otros o sentir prejuicios relacionados con las profesiones de la salud mental. Ciertamente, no todos los casos requieren atención médica o psicológica de urgencia, por ejemplo, cuando los episodios son muy esporádicos y no repercuten de manera importante en nuestra vida. La mayoría de nosotros, si nos capacitamos, podemos manejar niveles leves y moderados de estrés y ansiedad.

Sin embargo, hay casos en los que necesitamos ayuda y eso no es nada por lo que avergonzarse, todo lo contrario, recurrir a orientación médica y/o psicológica es una decisión responsable que puede sacarnos del cuadro de ansiedad de manera rápida y sin mayores consecuencias. Los trastornos de ansiedad no solo son tratables, sino que un alto porcentaje de pacientes se recuperan completamente.

Recomendamos solicitar ayuda en los siguientes casos:

  • Cuando los pensamientos angustiantes y catastróficos impiden llevar a cabo labores cotidianas o conciliar el sueño, esta es una de las razones por las que muchos acudimos a consulta psiquiátrica o psicológica; cuando nos vemos inhabilitadas para hacer tareas sencillas de la vida cotidiana o cuando no tenemos el ánimo habitual para realizarlas.
  • Cuando nos resulta muy difícil, sino imposible, controlar los síntomas de la ansiedad. Constantemente, nos sentimos mal, con fatiga, cansancio y baja energía. En general, la ansiedad nos ha debilitado físicamente y esto nos impide también funcionar normalmente.
  • Cuando estamos deprimido, es decir, un estado de apatía y tristeza profundas que te ha quitado la alegría de vivir. No le encontramos sentido a lo que hacemos y no podemos ver salida a los problemas, parecido a estar en un callejón sin salida. De igual forma, si sufrimos de cualquier otro trastorno mental agregado a la ansiedad.
  • Cuando tenemos adicción o dependencia al alcohol o a otras sustancias. Esto fácilmente puede agravar el cuadro ansioso, añadiendo un problema más y haciendo más difícil sobrellevarla de manera correcta.
  • Cuando sospechamos que la ansiedad puede estar asociada a una enfermedad física. Es importante descartar esta posibilidad. Muchas personas terminan sufriendo de ansiedad porque realmente tienen una patología cardíaca, respiratoria o de otra índole que son la causa de sus episodios.
  • Cuando tenemos pensamientos autoagresivos deberíamos acudir de inmediato a consulta psiquiátrica y/o psicológica. Podemos apoyarnos con la familia, compartir estos pensamientos ayuda mucho. El pensamiento autoagresivo es aquel en el que la persona considera maltratarse o infringirse un daño como única solución a su problema

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