La ansiedad y sus síntomas más frecuentes

by | Ene 11, 2021

En el mundo moderno, los cambiantes estilos de vida, la tecnología y sus efectos en nuestro día a día, así como muchos otros factores, hacen que la manera en la que hoy vivimos, sea a un ritmo cada vez más acelerado. Esto nos expone continuamente a mayores y más recurrentes situaciones de estrés y de ansiedad.

En medio de esta forma de vivir apresurada y agitada y de todos los efectos que esto acarrea para nuestra salud tanto física, como mental, muchos llegamos a preguntarnos,

¿es normal sentirme ansioso y/o estresado? ¿Cómo reconocer si estoy padeciendo un episodio de ansiedad y/o de estrés? Y de ser así, ¿Cómo puedo encontrar soluciones para el alivio de la ansiedad y/o el estrés?

Estas y otras preguntas pueden pasar por nuestra mente. Por lo tanto, es importante para empezar, entender que es el estrés y que es la ansiedad, que, si bien pueden estar relacionados, no son lo mismo.
En esta ocasión, además nos centraremos en la ansiedad y cuáles son sus principales síntomas.

Lo primero es que comprendamos que es normal sentir estrés e incluso ansiedad en algunos momentos y situaciones de nuestra vida cotidiana, sin embargo, estos estados no siempre son sanos, sino el resultado de una alteración en nuestro mecanismo natural.

El estrés se presenta como una reacción fisiológica del cuerpo, ante una situación muy demandante o que sentimos se nos sale de las manos. Es tanto mental como físico y se relaciona con estímulos “externos” o del entorno. Este tiene una serie de manifestaciones, que nos permiten enfrentar una situación específica a cualquier estímulo que desencadena dicha respuesta de nuestro organismo. Por ejemplo, cuando se nos acaba el tiempo en un examen y sentimos que no vamos a poder terminar, nos sentimos estresados.

La ansiedad por su parte, es un mecanismo de nuestro cuerpo para enfrentar circunstancias que, de alguna manera, representan una amenaza para quienes las experimentamos. Se relaciona con estímulos “internos” y considerados psicológicos de tipo emocional. Esta nos lleva a un estado de alerta, que genera diversas reacciones, tales como adaptación, lucha, huida o neutralización, que podrían ayudarnos a enfrentar efectivamente una circunstancia de peligro, lo que se considera normal y hasta saludable. Este tipo de ansiedad es considerada ansiedad sana. Por ejemplo, cuando nos aborda un perro ladrándonos, nuestra ansiedad se puede activar para adaptarnos y reaccionar ante la situación de peligro.

El problema surge cuando la ansiedad como mecanismo natural se descontrola, convirtiéndose en un trastorno que afecta nuestro bienestar. Aquí es donde hablamos de una ansiedad patológica. 

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Ahora bien, ¿Cuáles son algunos de los síntomas más comunes de la ansiedad y cómo reconocerlos?
Cinco (5) de los síntomas más frecuentes de la ansiedad suelen ser los siguientes:

1. Palpitaciones cardíacas:

Cuando ocurren las palpitaciones, sentimos que nuestro corazón se acelera, que late muy fuerte o nos da la impresión que no estuviese funcionando de forma regular. Es una sensación fuerte y suele preocuparnos mucho, aunque la mayoría de las veces, a pesar de los efectos físicos que desencadena, no genera ningún daño y solo hace parte del cuadro de síntomas de la ansiedad.

2. Sudoración:

Suele ir muy de la mano con las palpitaciones y es un síntoma muy común de la ansiedad. Cuando nos enfrentamos a un episodio ansioso y se acelera nuestro corazón, de forma natural y como reacción corporal empezamos a transpirar. La sudoración suele ser muy molesta e incómoda y en muchas ocasiones nos adentra más en la espiral de ansiedad. Sin embargo, tampoco representa ningún peligro regularmente.

3. Temblores o sacudidas:

El temblor en nuestro cuerpo es también un síntoma muy frecuente en las personas que padecemos de ansiedad. Este nos hace sentir que algo “malo” esta por suceder o que estamos expuestos a una situación de peligro, que puede ser real o no real, por lo que nuestro organismo reacciona llenándonos de energía para enfrentarla. Este exceso de energía en nuestro organismo es lo que nos hace sacudirnos. Además, está claramente asociado con los dos síntomas mencionados anteriormente y se potencializan entre ellos.

4. Sensación de falta de aire:

También conocida como dificultad para respirar, es otra protagonista en el cuadro principal de la ansiedad. Cuando sentimos que estamos ante una situación de alerta o peligro, nos adaptamos para enfrentarla y empezamos a respirar rápidamente para que nuestro cuerpo se prepare a responder. Sin embargo, cuando esta respiración se da a causa de una ansiedad patológica, nunca llegamos a ejecutar el esfuerzo físico para el cual nos preparamos, por lo que terminamos generando una respuesta excesiva, conocida como hiperventilación y que paradójicamente nos da la sensación de falta de aire. Esta suele ser inofensiva, pero difícil de manejar y su efecto puede “complicar” de forma importante el cuadro de ansiedad.

5. Miedo a perder el control:

Son muchos los miedos que podemos sentir frente a un estado de ansiedad patológico. Uno muy común es el miedo a perder la cordura y/o perder el control. Este síntoma está muy asociado al sentimiento de despersonalización, de vernos como si fuéramos una persona distinta, en una realidad ajena a la nuestra. Suele ser intenso y podemos volvernos muy obsesivos ante él. En muchos casos llegamos a experimentar este temor de forma muy recurrente y pensamos que perderemos la conciencia y todos los efectos que esto puede traer. Incluso, aun cuando no estamos frente a un episodio ansioso, podemos tener pensamientos relacionados que induzcan este síntoma y nos pongan en riesgo de recaer.

Además de estos síntomas, podemos presentar algunos como dificultad para conciliar el sueño, problemas gastrointestinales, sensación de cansancio y falta de energía, desconcentración, mareo o inestabilidad, irritabilidad, entre otros.

La ansiedad puede requerir o no tratamiento médico y/o farmacológico. Por esta razón es importante primero entender de qué se trata, analizar nuestra realidad, detectar si estamos padeciendo síntomas y cuáles pueden ser, además con qué frecuencia e intensidad se presentan.

El hecho de comprender que la ansiedad sana es algo normal y que al sentirla no necesariamente significa que nuestro mecanismo no está funcionando bien, que vayamos a padecer de ataques de ansiedad, o ansiedad patológica, puede ayudarnos a prevenir su alteración y reducir el riesgo en sí, de incrementarla hasta el punto de perturbar nuestro mecanismo.

Existen recursos para manejar y aliviar la ansiedad y sus síntomas, que nos pueden ayudar a salir del círculo y alcanzar un mayor bienestar, en muchas ocasiones sin necesidad de un tratamiento clínico.

 

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